Invertir en lo “rentable” o en lo “correcto”

Si queremos generar empleo “sostenible” no vale talar nuestros bosques y vender la madera. Eso es “pan para hoy, y hambre para mañana”. Como sociedad, y como individuos, tenemos que invertir (dinero, recursos, y tiempo) en objetivos sostenibles, verdes, ecológicos: tomar del bosque en un año, como máximo lo que el bosque puede regenerar en un año.

Ya está bien de invertir sólo en lo que es rentable, sólo económicamente, y sólo a corto plazo. Tenemos que valorar otras formas de rentabilidad: ¿Cuánto vale dejar a nuestros sucesores un mundo menos degradado?

 El dinero no debería ser lo que decida qué es lo que hay que hacer

Los gobernantes, y los que los votan, tienen que entender que hay al menos tres conceptos en los que no se debe hablar de rentabilidad:Educación, Sanidad, y Alimentación, seguida de cerca por Investigación. En pocas palabras: incluso aunque la educación no fuera rentable, hay que conseguir, como sea, que sea de calidad, y que la educación superior llegue a quien tenga interés (aunque no tenga dinero). Medir la rentabilidad en sanidad es también de mal gusto, como lo es dudar si apostar o no por la agricultura o la pesca sostenible.

Que no nos vendan que no hay dinero, porque para lo que se quiere sí hay dinero: como para perdonar millonarias deudas a amigos, para absurdos escudos antimisiles, para nuestro inútil y caro senado, para dar dinero a industrias sucias, entre otros muchos. Dejemos YA de dar dinero a sectores que destruyen nuestro planeta y nuestra sociedad. Hay que transferir las inversiones a sectores responsables: crear empleos sostenibles a largo plazo, y crear empleos como inspectores de sostenibilidad.

Si el empleo verde es la única salida a la vida, también lo tiene que ser a la crisis.

Es incomprensible que ante el paro juvenil los gobernantes (y sus votantes) opten por:

  1. Aumentar la edad de jubilación:¿para qué? ¿para que trabajen los viejos mientras nuestros jóvenes se aburren?
  2. Fomentar la natalidad:¿para qué? ¿para que haya más niños en un mundo donde los humanos no son precisamente especie en peligro de extinción?
  3. No mejorar la educación:¿acaso tienen miedo a una sociedad culta?
  4. No considerar reducir la jornada laboral:¿por qué no repartir mejor el valioso recurso que es el trabajo?

Un ejemplo de todo esto lo tenemos en el sector de la energía. Mientras sabemos que no debemos quemar ni siquiera todas las reservas conocidas de petróleo, los gobernantes (y sus votantes) optan por buscar más petróleo y por el peligroso fracking. Se despilfarra mucho dinero en un sector extremadamente contaminante, aunque no sea tan rentable como las energías renovables, y se ponen trabas legales a la energía solar porque amenaza la hegemonía de las grandes y obsoletas compañías de electricidad. Incluso, los que deciden instalar paneles solares en su casa suelen calcular si es rentable, y sí es rentable, pero… ¿qué importa si no fuera rentable económicamente si sabemos que estamos haciendo lo correcto?

El dinero no debería ser lo que decida qué es lo que hay que hacer. Debemos hacer lo que es correcto, aunque no haya dinero para hacerlo. Descubriríamos que lo correcto es siempre barato y rentable.

Tal vez ayudaría que el dinero caducara: el dinero no gastado en un año desde que se ganó, lo perdería su propietario, y lo ganaría la sociedad. Tal vez así se daría el necesario cambio de punto de vista que necesita nuestra sociedad para disfrutar más, y trabajar menos.

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